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Sabemos mucho más sobre lo que pasó en Alemania de 1933 a 1945 que de ningún otro país en un periodo de tiempo tan corto. Miles de películas, obras de teatro, videojuegos, libros, documentales… se han encargado de familiarizarnos con el IIIer Reich, el Holocausto y Hitler casi como si hubiésemos vivido esa época. Pero para quien mire un poco más allá, sigue habiendo cosas fuera de foco de este régimen de pesadilla, igual de curiosas e inquietantes pero bastante más divertidas que las duchas de gas.

Siempre suelen citarse como inventos de los nazis el cohete, el avión a rección y las autopistas. Cosas imprescindibles para el mundo actual, pero siendo sinceros, ¿Quién se ha subido a un cohete? ¿Diseñar una carretera mejor pavimentada y con más carriles era tan díficil? Además de que son cosas rectas, cuadrículadas, eficientes… pega que sean nazis. Uno puede imaginarse a un ingeniero alemán dibujando los planos de todos esos inventos y reirnos de las dificultades que pasa para usar la escuadra y el cartabón, con la mano derecha en permanente saludo fascista.

Pero hay algún que otro descubrimiento de los nazis bastante más chocante que las autopistas. Inventos que definen mucho mejor el mundo actual, lo que somos, la civilización Occidental y todo eso que un cohete de mierda. Y que jamás uno habría pensado que lo inventasen los nazis.

La muñeca hinchable

La compañera de los hombres solitarios, los marineros y de Wilt nació como un encargo personal de Himmler. Preocupado por las bajas en el ejército que ocasionaban las ETS, puso en marcha el proyecto “Borghild” en 1940. Un equipo de técnicos y psicólogos trabajarían en Dresde para lograr la mujer artificial perfecta. Comenzaron modelando a la muñeca a partir de atletas alemanas, pero no tuvieron mucho éxito. Más tarde decidieron incrementarle el pecho y diseñar la muñeca combinando partes de diferentes modelos de carne y hueso para reflejar el ideal de belleza aria: alta, rubia, delgada y de ojos azules.

Cuando la guerra se extendió en dos frentes, el proyecto Borghild quedó aparcado frente a necesidades más acuciantes y la muñeca hinchable nazi nunca fue producida en serie. Aún así más de medio centenar de prototipos de muñecas hinchables quedaron almacenados en Dresde, y fueron posteriormente destruidos por los bombardeos aliados en la ciudad. Así que no nos queda ningún vestigio de las muñecas hinchables nazis. Bueno, sí:

La Metadona

Antes de invadir Polonia, los nazis previeron que iban a quedarse sin opio ni morfina que administrar a los heridos, así que pusieron a sus científicos a trabajar en un sustitutivo. Lo encontraron en la metadona actual, a la que llamaron Dolophina. Resultó ser demasiado tóxica y adictiva, así que nunca la distribuyeron en Alemania. En contra de una leyenda urbana propagada por la Iglesia de la Cienciología y Tom Cruise (¿quién puede tomarse a estos en serio?) la palabra Dolophina no tiene etimológicamente nada que ver con Adolf Hitler. Tras la Segunda Guerra Mundial, la Dolophina, rebautizada como Metadona fue producida industrialmente en EEUU y administrada a pacientes que sufrían dolores intensos. Sólo hasta los 60 no fue recetada como sustituivo de la heroína para los drogodependientes.

La Fanta

De nuevo, un invento nazi campo de leyendas urbanas. Aunque Michael Moore suele tener razón, no está fino en el vídeo de arriba. Esencialmente, la historia es verdad: En algún punto de 1940 las fábricas de Coca Cola de Alemania se quedaron sin ingredientes para seguir produciéndola. Max Keith, el director general de Coca Cola en la Alemania del IIIer Reich, tuvo que tirar con lo que pudo y lanzó al mercado una bebida a base zumo de naranja y de suero de leche (?!) Convocó un concurso entre los empleados para darle nombre y un vendedor ganó con “Fanta”. Fanta se vendió lo bastante bien como para seguir dando empleo a los trabajadores de Coca Cola durante la guerra y vender 3 millones de cajas en 1943. Cuando llegó la paz, Fanta fue introducida en EEUU y a nivel mundial y registrada como marca de Coca Cola.

¿Qué es lo que no es verdad? Max Keith nunca fue miembro del partido nazi y Fanta nunca surgió de algún tipo de demanda del gobierno alemán. Max Keith trabajador de Coca Cola que tuvo que improvisar para no perder su empleo ni el de los obreros de las fábricas. Fábricas en las cuales nunca trabajaron prisioneros de guerra o población detenida e internada (judíos, eslavos, gitanos…) por los nazis.

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