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1.- La indeseada PC.

“No existe razón alguna para que alguien quiera una computadora en casa.” – Ken Olson, presidente, presidente y fundador de Digital Equipment Corp (DEC), empresa fabricando de grandes ordenadores, argumentando contra el PC en 1977.

2.- ¿32 bits?

“Nunca vamos a hacer un sistema operativo de 32 bits.” – Bill Gates

3.- Los satelites en el espacio.

“No hay prácticamente ninguna posibilidad de que los satélites en el espacio se utilicen para proporcionar un mejor teléfono, telégrafo, televisión, radio o servicio de de comunicaciones dentro de los Estados Unidos.” – T. Craven, Comisionado de la FCC, en 1961.

4.- Los cohetes.

“Un cohete nunca podrá salir de la atmósfera de la Tierra”. – New York Times, 1936.

5.- ¿Maquinas voladoras?

“Las maquinas voladoras mas pesadas que el aire son imposibles.” – Lord Kelvin, matemático británico y físico, presidente de la British Royal Society, 1895.

6.- El avión mas grande.

“Nunca se construirá un avión más grande”. – Un ingeniero de Boeing, después del primer vuelo del 247, un avión bimotor con espacio para diez personas.

7.- Caballo vs Automovil.

“El caballo está aquí para quedarse, el automóvil es sólo una novedad – una moda”. – El presidente de la Caja de Ahorros de Michigan asesorando al abogado de Henry Ford, Horace Rackham, de no invertir en la Ford Motor.

8.- La televisión.

“La televisión no durará. Es un flash in the pan. (Algo que decepciona al no entregar nada de valor, a pesar de un comienzo vistoso.) “- Mary Somerville, pionero de las emisiones de radio educativas, de 1948.

9.- Viajes veloces.

“Los viajes en tren a alta velocidad no son posibles porque los pasajeros no puede respirar, se mueren de asfixia.” – Dr. Dionysys Larder (1793-1859), profesor de Filosofía Natural y de Astronomía de la Universidad College de Londres.

10.- La Radio.

“La caja de música inalámbrica no tiene valor comercial imaginable. ¿Quién iba a pagar por un mensaje enviado a nadie en particular? “- Asociados de David Sarnoff en respuesta a la llamada de este último para la inversión en la radio en 1921.

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1. Hitler nunca permitió que nadie lo viese desnudo o bañándose. Él se rehusaba a usar colonia o esencias de ningún tipo en su cuerpo.
2. No importaba cuanto calor sintiera, Hitler nunca se quitó su capa en público.
3. En 1923, el secretario de prensa Nazi Dr. Sedgwick intentó convencer a Hitler para que se afeitara su bigote o lo dejara crecer normalmente. Hitler respondió: “No te preocupes por mi bigote. Si no está a la moda ahora, lo estará luego, porque yo lo uso!”.
4. Durante una cena con invitados, Hitler permitía que la conversación se extendiera en temas generales, pero luego de unas horas inevitablemente comenzaba con alguno de sus tantos monólogos. Estas charlas eran precisas desde el principio hasta el final, porque él las ensayaba en sus ratos libres.
5. Sus temas favoritos eran: “Cuando fuí soldado”, “Cuando estuve en Viena”, “Cuando estuve en prisión,” y “Cuando era el líder en las primeras épocas de la fiesta”.
6. Si Hitler comenzaba a hablar sobre Wagner y la ópera, nadie se atrevía a interrumpirlo. Él daba este discurso hasta que la gente se dormía.
7. Hitler no tenía interés en los deportes o juegos de ningún tipo y nunca hizo ejercicio, excepto por caminatas ocasionales.
8. Establecia caminatas dentro de las habitaciones, silvando siempre la misma melodía y siempre cruzando los cuartos diagonalmente, de esquina a esquina.
9. La escritura manuscrita de Hitler era impecable. Cuando el famoso psicólogo Carl Jung vió los manuscritos de Hitler en 1937 dijo: “Detrás de esta escritura puedo reconocer las típicas características de un hombre con esencial instinto femenino.”
10. Hitler amaba el circo. Disfrutaba placenteramente con la idea de que actores poco pagos arriesgaban sus vidas para divertirlo a él.
11. Fué al circo en varias ocasiones en 1933 y envió chocolates extremadamente caros y flores a las actrices. Hitler siempre recordaba sus nombres y se preocupaba por ellos y sus familiares en caso de accidentes.
12. A él no le interesaban los actos con animales salvajes, a menos que hubiese una mujer en peligro.
13. Casi todas las noches Hitler miraba una película en su cine privado, principalmente películas extranjeras que estaban prohibidas al público Alemán. Él amaba comedias y a veces se reía mucho con comediantes Judíos. A Hitler también le gustaban algunos cantantes Judíos, pero luego de escucharlos afirmaría que era una lástima que elos no fueran de una raza Aria.
14. El equipo de Hitler hizo en secreto películas para él sobre tortura y ejecución de prisioneros políticos, las que luego disfrutaba viendo. Sus asistentes ejecutivos también le conseguían fotos y películas pornográficas.
15. Le encantaban los noticieros, especialmente cuando él estaban en ellos.
16. Le gustaba mucho la música gitana, las óperas de Wagner y especialmente las marchas de colegios de fútbol de Estados Unidos.
17. Para excitar a las masas, él también usó música del estilo de colegios norteamericanos durante sus discursos. Su grito de reunión (”Sieg Heil!”) fue modelado en base a los gritos de los entrenadores de futbol americano.

Visto en Marcianos.com.mx

Hace poco, fui al cine a ver el documental de “Presunto Culpable” que trata de un proceso judicial en el Distrito Federal, en México. En eso, la publicidad y trailers me percate de una idea publicitaria algo pegajosa y en cierto punto conmovedora. Por las imágenes y música utilizados.Me parece curioso el motivo de tener “Razones para creer”

Aquí el ejemplo, el vídeo original publicitario.

Y aunque a mi parecer es una muy buena idea, tanto para dar apoyo moral en un anuncio comercial. Siempre habrá otra versión.

Saquen conclusiones 🙂

 

Pena de Muerte

Cama donde comunmente se cumple la sentencia.

Todos los seres humanos tienen algún sentimiento en el fondo, que a veces por ser una figura publica que representa el respeto y temor de la ley. Aunque esta persona solo era un empleado del Estado que aplicaba la orden que se le asignaba, al fin y al cabo todo trabajo “legalmente aprobado” es digno, ¿O no?
Un policía municipal de McAlester E.U.A. relata un poco de los daños colaterales de ser un “verdugo”
“Al día siguiente, nadie habla de ello”

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Tengo 46 años. Nací en Chicago. Me establecí en Oklahoma con mi mujer. Al llegar, empecé a trabajar como guardia en el centro penitenciario de McAlester. Me quedé 12 años. Hoy soy agente de seguridad en un gran casino y por nada volvería al Big Mac, sobrenombre de la prisión. Participé en quince ejecuciones. Formé parte del strap down team, el equipo encargado de atar al condenado a la mesa de ejecución antes de la inyección letal. El trabajo es sencillo: acompañamos al condenado hasta la mesa y nos encargamos de que se tumbe. Cada uno -somos cuatro o cinco- ata en un minuto una parte del cuerpo: el pecho, un brazo, una pierna o un pie. Cuando el tipo ya no puede moverse, salimos y esperamos. Cuando nos dan la orden, volvemos a entrar y colocamos el cadáver tal cual está, con las agujas en los brazos, las jeringuillas, todo, en una bolsa para cadáveres para que se lo lleven al depósito. Y se acabó. Todo el mundo vuelve a casa. Al día siguiente, nadie habla de ello. Si te han elegido para las ejecuciones es porque han visto que eres fuerte y tranquilo. Si dices que te incomoda, los compañeros se burlarán. Incluso los reclusos se enterarán y dirán: ‘¡Qué pasa gallina, creía que eras un tipo duro!’. Nunca olvidaré las caras de los condenados al atarles. Hemos convivido durante años, hemos compartido cosas, y la noche de la ejecución te miran como diciendo ‘Mierda Dirk, ¿por qué participas en esto?’, y tú contestas: ‘Me han elegido, ahora tienes que tumbarte’. Me acuerdo de un tipo que sufrió un paro cardiaco en su celda. Fui yo quien avisé a los servicios de emergencias. Al volver del hospital me dijo: ‘Gracias, Dirk, me has salvado la vida’. Unas semanas más tarde, le ejecuté. Me parece una locura cuando pienso en ello: le salvé y luego le ejecuté”.

“Un hombre pidió cereales para niños como última comida”

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“Los días de ejecución, mi trabajo como adjunta del director consistía en supervisar técnicamente el proceso, por ejemplo el transporte de las sustancias mortales hasta la sala. Si ocurría algo fuera de lo habitual, se lo comunicaba al Estado. Como cuando algunas ejecuciones se alargaban. Muchos reclusos eran ex drogadictos cuyas venas estaban dañadas. El equipo no conseguía colocar la aguja correctamente y sobresalía. Volvía a pinchar y volvía a empezar: verlo era terrible. Las familias de las víctimas asistían en silencio a la ejecución y se iban rápidamente. A veces, también estaba la familia del condenado, aunque muchos reclusos les pedían que no asistieran. Recuerdo a una madre que golpeaba el cristal ante su hijo al que estaban ejecutando, llamándonos asesinos. Al final se desmayó. Esa noche estábamos muy afectados. A veces, los abogados también lloraban. A menudo tengo la sensación de haberme vuelto insensible. Un recluso me marcó, un hombre que pidió como última comida unos cereales para niños, con un tazón de leche. El jurado lo declaró culpable, pero siempre pensé que era un retrasado. No tenía familia y parecía feliz. La noche de la ejecución no dijo nada al tumbarse. Solo ‘¡gracias!’, con una sonrisa angelical. Esa noche, por primera vez, lloré volviendo a casa”.

“Mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica”

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“Para mí las ejecuciones son casi una historia familiar: cuando era un crío, mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica. Estoy a favor de la pena de muerte sin remordimientos. Pero no le voy a decir que los 25 tipos que ejecuté eran monstruos. Nosotros, por nuestra parte, hacemos nuestro trabajo con profesionalidad, y en general, todo sale bien. Una vez, sin embargo, me hizo reflexionar un tipo que perdió la cabeza una noche y disparó, sin apuntar, contra la esposa de una personalidad importante de Oklahoma City. El tipo no tenía antecedentes. Era divertido e inteligente, una buena persona a la que todos queríamos. La noche de su ejecución, cuando fuimos a buscarle a su celda, estaba inconsciente: se había tragado todos los comprimidos que había logrado esconder a pesar de los registros. Le llevaron de urgencia al hospital donde le hicieron un lavado de estómago. Cuando recuperó el conocimiento le trajeron de vuelta al centro penitenciario y terminamos lo que teníamos que hacer. La prensa le dio demasiada importancia y confieso que al equipo le afectó mucho. Pero somos funcionarios y aplicamos las leyes. Si te cuestionas las cosas no puedes hacer este trabajo, está claro”.

“Dios no me lo reprochará”

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“Durante años, mi trabajo consistió en vigilar a los condenados y darles su última comida. Por 15 dólares como máximo pueden pedir lo que quieran. Con los 35 condenados que conocí, siempre traté de mantener la distancia. Una noche, sin embargo, un tipo me pidió que tomara la última comida con él en su celda, lo que está totalmente prohibido. Me lo suplicó y me dijo una cosa extraña: ‘En un rato, cuando esté con Dios, le voy a decir cómo os portáis con nosotros’. No sé por qué, pero acepté. Le quería mucho y habíamos crecido juntos, durante 11 años. Comimos, hablamos de Dios y de nuestras familias, y cuando volví a mi casa, por primera vez me vine abajo: llorando, pedí a Dios que me ayudara y me emborraché. Por aquel entonces bebía bastante para olvidar. Hoy soy policía municipal y sigo atormentado por un montón de pesadillas. Nunca le he hablado de ello ni a mujer ni a mis hijos ni a mis amigos. Moriré con ello, pero sé que solo cumplí con mi deber y Dios no me lo reprochará”.

“En los ojos de los condenados vi un miedo casi animal”

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“Dirigí durante 10 años al equipo que ata al condenado a la cama de ejecución (strap down team). No es una vocación, pero el centro penitenciario es la principal fuente de empleo de la ciudad y cuando me propusieron que trabajara en las ejecuciones, acepté. Actualmente trabajo en el sector de los equipamientos y lo prefiero. Cuando buscas a un hombre en su celda observas el miedo en sus ojos. Es un miedo muy extraño, nervioso, casi animal, pero resignado. Nunca he visto a uno de esos tipos resistirse. Avanzan despacio por los pasillos y te hablan de cosas raras, del tiempo, del partido de fútbol o te dicen: ‘Layne, la vida va a ser mejor allí arriba’. O bien se alteran y te dicen: ‘¡Eh, Layne! Sabes que va a haber una llamada del gobernador y que no voy a morir esta noche’. Ante la puerta de la sala, a veces sufren temblores, a otros les cuesta respirar e incluso algunos se desploman y hay que cogerles suavemente por debajo de los brazos para llevarles hasta la mesa. Para mí, lo más duro era volver a casa: te despides de tus compañeros, andas por el aparcamiento, es de noche, todo está tranquilo. Te subes a tu coche, arrancas y conduces en silencio. Piensas en lo que acaba de pasar y te parece irreal. Te dices: ‘He hablado con un hombre hace media hora y ahora está muerto’. Llega un punto en el que tienes que dejarlo. Yo esperé 52 ejecuciones. Nunca le he hablado de ello a nadie”.

“Los partidarios de la pena de muerte deberían asistir a las ejecuciones”

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“Cuando era el director del centro penitenciario de McAlester, me decía: ‘No lo olvides, Ron, trabajas para el Estado de Oklahoma y para la ley’. Siempre he evitado pensar en el lado bueno o en el malo de la pena de muerte: son los tribunales los que juzgan. Los políticos defienden el sistema, nosotros lo aplicamos. Si los partidarios de la pena capital asistiesen a las ejecuciones, quizá tuvieran otra opinión. Es muy fácil sacar pecho diciendo que hace falta que los asesinos sufran más. Siempre he tenido ganas de invitar a esos bocazas a asistir a dos o tres ejecuciones: ir a buscar al tipo a su celda, sujetarle cuando se tambalea, pedirle que diga sus últimas palabras a su madre desconsolada o a su hijo y hacerle una señal al personal para que empiece la inyección. Para las familias de las víctimas seguro que es diferente y respeto su decisión. Como director, una parte de mi trabajo consistía en recibirlas y avisarles: ‘Cuidado, esto quizá no les aporte lo que esperan’. El Estado y los medios de comunicación aseguran que ayuda a decir adiós, que uno se siente más en paz una vez que el tipo ha sido borrado de la faz de la Tierra. Gran parte de lo que he visto hace que lo dude. La paz viene del interior, no del espectáculo de una ejecución. He tratado de ser lo más respetuoso posible con las familias de las víctimas, los condenados y sus familias. Con frecuencia, estos nos decían gracias antes de la inyección. Espero que esto pruebe que les tratamos con dignidad”.

A veces nos quedamos sin palabras ante algo que es mas allá de nuestra comprensión, sentimientos que espero nunca tener…

Visto en: Dogguie.com

Sí, se critica en estos días que Lopezdóriga no sabe hablar bien inglés pero, ¿qué tan bien sabemos escribir nuestro propio idioma? He aquí unos cuantos tips para no ser el hazme reír en cada post… y en la vida laboral:

Haber / A ver

Haber. verbo que básicamente significa “tener” o “poseer” aunque también es usado como auxiliar: “al haber gatos no hay ratones”
A ver. secuencia formada por la preposición A y el verbo Ver: “a ver si no le da cirrosis a Felipe”
“Haiga” no existe y el “hubiera” es el pretexto más usado por los mediocres y el consuelo de los tontos.

Hay / Ahí / ¡Ay!

Hay. del verbo Haber: “Hay comunicadores que no hablan bien”
Ahí. adv. que indica lugar físico o intangible: “Ahí está el pedo para entenderle”
Ay. interj. para expresar dolor, suspiro o quejido: “¡ay, dió pena con su entrevista!”

Por que / Por qué / Porque / Porqué

Por que. se compone de la preposición por y del pronombre relativo que; se puede sustituir por “el cual, la cual”, etc: “Fue secuestro el delito por que fue juzgada”
Por qué. sólo se usa en oraciones interrogativas. Por es preposición y qué es un pronombre interrogativo: “¿Por qué no venden por internet las playeras?” (Interrogativa directa) y “No sé por qué leer al Aza me resulta tan aburrido” (Interrogativa indirecta)
Porque. introduce una oración que explica la causa de otra principal: “Lo digo porque lo leí y me dormí”
Porqué. es un sustantivo (el porqué, es decir, la causa, el motivo): “El gobierno no explica nunca el porqué de sus decisiones ni de sus cuentas”

Si / Sí

Sí. afirmación: “Sí, queremos tachas y perico”
Si. parte de una premisa condicional: “estaríamos mejor si hubiéramos votado por Lopez Obrador” (nuevamente, el hubiera es el consuelo de los tontos)

Visto en: hazmeelchingadofavor.com